Hace exactamente medio siglo el dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez escapó precipitadamente al extranjero. Lo derrocaron otros militares tras varias semanas de disturbios populares. El episodio no era sorprendente. La historia política de Venezuela, hasta ese momento, había sido una lamentable sucesión de liderazgos violentos impuestos a punta de pistola. El país, aunque nominalmente era una república, no había conseguido organizar la transmisión de la autoridad civilizadamente y con arreglo a la ley. No mandaban los ciudadanos, como se supone que ocurre en las repúblicas, sino los espadones. No obstante, gracias a los ingresos petroleros, había logrado prosperar progresivamente hasta colocarse entre las seis naciones más ricas de América Latina.

A partir de 1958, y por las próximos cuatro décadas, ocurrió un milagro. Los venezolanos lograron cambiar pacíficamente a sus gobernantes cada cinco años, recurriendo a elecciones razonablemente honradas en las que se alternaron en el poder dos partidos, uno socialdemócrata y otro democristiano. En ese periodo, además, la población –mitad rural, mitad urbana al comienzo de la etapa democrática– pasó de 7 a 23 millones de personas, de las cuales, al final, el 86% ya vivía en ciudades generalmente dotadas de electricidad, teléfono, agua potable, alcantarillado, calles pavimentadas, escuelas, polideportivos y asistencia médica.

En 1999, cuando el presidente Chávez comienza a gobernar, 87 de cada cien hogares posee televisión en color, y el número de teléfonos per cápita es mayor que en Brasil o México. Simultáneamente, el analfabetismo sólo alcanzaba al 9% del censo, proliferan las universidades públicas y privadas, hay millones de niños en las escuelas, y el promedio de vida alcanzaba los 73 años. En ese momento, en el país existían amplios sectores sociales medios, y Caracas, llena de impresionantes edificios, contaba con el mejor museo de Arte Contemporáneo de toda América Latina, el que fundara Sofía Imber, y exhibía una notable muestra de artistas plásticos de rango internacional.

Había, naturalmente, grandes problemas, pero existía en Venezuela un gran indicador que demostraba su relativo éxito: los venezolanos apenas emigraban, mientras centenares de miles de colombianos, españoles, portugueses e italianos se trasladaban hacia ese territorio en busca de unas oportunidades que no encontraban en sus respectivas naciones, o, como sucedía con los cubanos, chilenos y argentinos, en procura de la libertad que no existía en sus tiranizados países. Hoy, desgraciadamente, el signo del éxodo se ha invertido. Decenas de miles de venezolanos, muchos de ellos estupendamente instruidos, huyen hacia otros climas sociales y económicos menos disparatados en los que puedan ser libres y ganarse el pan decentemente.

¿Qué ocurrió en Venezuela en esos 40 años –con todos sus defectos, las mejores cuatro décadas consecutivas de toda su historia–, y por qué el país se entregó irresponsablemente en las manos de un charlatán de feria como Hugo Chávez? La mejor respuesta que conozco está en un libro reciente de Ramón Guillermo Aveledo, profesor universitario, escritor y ex presidente de la Cámara de Diputados. Se titula La cuarta república: la virtud y el pecado, editado en Caracas, y en sus 300 páginas describe con absoluta objetividad “los aciertos y los errores de los años en que los civiles estuvieron en el poder en Venezuela”.

¿Por qué el 62% de los venezolanos, según las encuestas de la época, apoyó el sangriento intento de golpe militar de 1992, cuando Hugo Chávez trató de acabar a tiros con el gobierno legítimo de Carlos Andrés Pérez? Aveledo no responde esa pregunta, pero coloca todas las cartas sobre la mesa para que el lector saque sus propias conclusiones. El fue un político sin tacha, totalmente consagrado al servicio público, pero sabe que la corrupción, la impunidad, el clientelismo y los desastres económicos (muchos de ellos consecuencias de los errores traídos por el keynesianismo, las recetas de la CEPAL y la teoría de la dependencia), fueron alejando a los venezolanos de la clase política que los gobernaba, hasta provocar que se arrojaran en brazos de un aventurero ignorante, con la esperanza de que solucionara rápidamente los males que aquejaban al país.

La lección que se deduce de la experiencia venezolana es bastante sencilla. La frágil estructura republicana, con sus tres poderes independientes, autoridad limitada, rendición de cuentas y elecciones periódicas y plurales, sólo puede subsistir si toda la sociedad, y en primer lugar los políticos que la administran, se colocan humildemente bajo la autoridad de la ley. Simultáneamente, el conjunto de la población, además de percibir que las reglas son equitativas y todos se someten a ellas, tiene que ver el futuro con cierta ilusión. Tiene que creer, racionalmente, que el sistema le va a permitir mejorar su calidad de vida paulatinamente. Parece que eso falló en Venezuela. Pero no es verdad que se perdieron los cuarenta años de democracia. El verdadero desastre es lo que vino después.

 

Carlos Alberto Montaner

Publicado en “El Nuevo Herald” – Domingo, 6 de enero de 2008

¿Con quién contamos?

Enero 3, 2008

El chavismo oficial emprendió una tarea de “recomposición” que puede ser suicida

Con Chávez, en primer lugar! Y luego, no faltaba más, con su pandilla. Con la misma que condujo a la más fenomenal derrota de la historia electoral venezolana y la misma que ha hecho un pésimo diagnóstico de qué la produjo. Peor incluso: uno que lleva aparejado una estrategia que les garantiza un abismo peor.

Esa nefasta estrategia sólo indica una cosa: no han entendido ni jota de las razones que produjeron la debacle, con lo cual, quiéranlo o no, garantizan que el abismo que les espera será peor. Desde amenazas a gritos en el Mercal de La Vega, en Caracas, “por su ingratitud”; hasta chequeo, lista en mano, de los pedevesos en su momento de votar, y a quién lograron arrastrar con ellos.

Y, por supuesto, las dolidas -y dolorosas- reclamaciones de Chávez a los suyos en cuanto acto público se les aparece. Ahora, les dice, ya no podrán contar con su desvelada y perenne presencia después del 2013. Así que vayan olvidándose de Hummers, viajes, y dólares sin colas ante Cadivi. Nada tendrán cuando él ya no esté. ¡Qué dolor, qué dolor, qué pena!

El chavismo oficial, el que está enchufado, el de los mamandini, ha emprendido una tarea de “recomposición” que puede resultar suicida: recriminaciones, veladas amenazas y acusaciones de todo tipo terminarán afianzando lo que pretenden curar.

¿Qué les impide asumir la “estrategia Betancourt” en los años posteriores a la pérdida del poder de 1968? ¿La recuerdan, visitar casa por casa a quienes se habían ido con el MEP de Prieto, para recordarles que “adeco era adeco hasta que muriese”? Aquella estrategia resultó triunfante en diciembre de 1973. De nuevo, el Partido del Pueblo en el poder, de donde nunca debería de haber salido, coincidían con Rómulo todos los adecos, reencontrados al fin.

La que hoy contemplamos maravillados en ministerios, alcaldías y cuanto ente del Estado yace secuestrado por la pandilla gobernante, es todo lo contrario y sólo garantiza un triunfo, ¡el de la oposición!

Quienes en el futuro estudien este fenómeno nos arrojarán importantes luces de porqué el chavismo no pudo emprender, y menos culminar, una estrategia ganadora. Su visión de las cosas posiblemente no permite la más mínima rendija por donde se cuelen las verdaderas razones para la debacle y al final, quizás lo peor: dólares a manos llenas. Sin contralorías, y por ello sin temores, no se sabe aún el daño profundo que le han hecho a esta revolución.

Lo que sí podemos es atisbar el fenómeno antropológico que yace en la derrota. ¿Cómo fue posible que el votante tradicionalmente chavista (les distingo de la minoría radicalmente enamorada -y comprometida- con este proyecto enloquecido) conscientemente se abstuviese, o peor, se pusiese al lado de los que se oponen a Chávez? Y cuando digo “conscientemente” lo hago en el más inclusivo contenido del término: estaban muy conscientes de los riesgos que corrían con tal comportamiento. Pero también del efecto “liberador” que para ellos tenía el asumirlo.

Las pruebas están allí, en los datos. Para haber crecido más de 300 mil votos en apenas 12 meses (con toda la abstención de los incrédulos y desesperanzados que hasta ahora les acompañaban y que como un fardo se le clavaron en sus espaldas) había que contar con miles de gente de aquel lado dando el salto. No hay otra forma de entenderlo. Por eso es preciso acudir al alma de cada quien para comprenderlo.

Ello es tanto más necesario cuando lo vemos por ciudades y pueblos del interior. Si no ¿cómo entender el triunfo del NO en Cumaná, la pelea cabeza a cabeza en Carúpano, el empate en Falcón, los aludes en Miranda, Táchira y Carabobo, el cambio en Lara y Ciudad Bolívar? Pero lo que es crucial es imaginar a quien siempre se ubicó al lado de Chávez que se resistió a acudir a la mesa respectiva. Imaginar sus dudas, sus vacilaciones, su dolor, en fin.

Cuántos miles de pedevesos, de “misioneros”, de aprovechados, que se mantuvieron alejados de las mesas, mientras veían pasar las horas sabiendo de las angustias por las que pasaban los encargados de responder por ellos. Nada logró moverles. Pero peor fueron quienes ya habían decidido concurrir para darle la espalda a las alarmantes pretensiones de Chávez. Le dieron su NO cuando éste clamaba por su SÍ.

Allí está él. Aparentemente impertérrito, pero en realidad golpeado. Sólo sabremos cuánto en los próximos meses. Mientras, podemos contar con él, que es quien bloquea su propia revolución, tornándola imposible. Bienvenido pues al nuevo año, que puede ser el de la estocada definitiva.

antave38@yahoo.com
Antonio Cova Maduro
Publicado en “El universal” – Miércoles, 2 de diciembre de 2007

¡Buen idioma 2008!

Enero 3, 2008

¡A ganar en el 2008 la batalla contra la lengua sucia!

Siempre que comienza un año, se expresan múltiples deseos; y en la “noche de paz” que, creo, se refiere tanto a la Nochebuena como a la Nochevieja, nadie quiere saber, ni siquiera hablar, de guerras. Y como, según la gastadísima cita de Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios, se supone también que la gente no quiera hablar de política. Estamos en desacuerdo con la última parte de esta proposición, pero respetamos el deseo de la mayoría, no porque sea mayoría, sino porque comprendemos su deseo de hablar de “otras cosas” como si todo, absolutamente todo, no fuese política. Adoptaremos entonces en esta última nota del año 2007 una línea media : hablar de política sin hablar de eso, pero hablando.

Hablaremos entonces de algo de uso diario e indispensable que poseemos desde hace mil años, cuya vocación es enriquecerse y enriquecernos, pese a nuestra suicida tendencia a empobrecerlo.

Más que todo el oro

Hablo de nuestra lengua, un tesoro legado por nuestros conquistadores, muchísimo más valioso que todo el oro que pudieran extraer de estas tierras, como lo reconocía un Pablo Neruda que no era nada tierno con esos conquistadores.

Yo no soy gramático, lingüista, ni nada que se parezca; ni siquiera estoy seguro de conocer a fondo esa lengua que confieso adorar. Por el contrario, tengo más bien fama de deslenguado o cuando menos, de mala lengua. Pero pienso que existe una posibilidad de plantearnos un combate y de ganarlo abrumadoramente, pero a condición de que no sea cosa sólo de gramáticos, lingüistas y buenas lenguas, sino un combate de todos, abrumadoramente también todos. Y aunque toda lucha por el idioma lo sea, este podría transformarse en el primero, jerárquica y cronológicamente, de nuestros combates políticos en el año 2008. Me refiero a limpiar nuestra lengua de innecesarias suciedades.

Antes de seguir adelante, debo aclarar que no soy ningún pacato, ni purista, palabra esta última que considero, justamente, una mala palabra.

Esa magnífica “ñ”

No voy a mentir diciendo que cuando recibo una patada sorpresiva en la espinilla, invoco al Altísimo. No porque sea agnóstico, sino porque nadie me lo creería, y con razón, y menos hablando una lengua como la nuestra que posee una palabra que en sus cuatro escasa letras (que en verdad son tres, pues una es repetida) contiene esa magnífica “ñ” patrimonio exclusivo (digo, creo yo) del español.

Pero es que he estado observando que, después de que fuera empleada una expresión escatológica por alguien que confunde la más alta Silla de la República con una letrina, algunos de mis colegas de la prensa (incluyendo a los columnistas de opinión) parecen creer llegado el momento de soltarse el moño para hurgar, en vez del diccionario, en el basurero. Cuando, por el contrario, debemos hacer un frente común para diferenciarnos de la soldadesca que nos manda. Mostrarle al mundo que una nación de seres civilizados, en un momento de locura eligió a un patán de habla burdelesca para mandarlo.

Un consejo

Lo que estoy proponiendo es lo que como consejo (por lo menos, eso se dice) le llegó a aconsejar Napoleón a Cambronne después del “taco” que éste largó en Waterloo cuando los vencedores ingleses lo conminaban a rendirse: “Cuide su lengua”. ¿Autocensura? No; no sólo porque es voluntaria, sino porque tengo la íntima convicción de que el empleo sistemático de esas palabras no es revelador de un mal carácter sino de una pobreza del lenguaje. La misma que hace que algunos chuscos quieran poner así un venezolano a describir una máquina de escribir: “Es una vaina cuadrada con unas vainitas con letras, que tiene además una vaina redonda que se hace girar moviendo unas vainas de los lados, y donde uno mete una vaina blanca y escribe allí una pila de vainas”. Si la combato a muerte, no le temo sin embargo a la censura, porque nuestro idioma (que en sus tiempos debió luchar contra la Inquisición) sabe como eludirla. Es así como en El buscón, Quevedo describía a un proxeneta diciendo que solía “meter el dos de bastos para sacar el as de oro”.

Incluso la pacatería puede tener sus virtudes: Salvador Garmendia solía hablar de una tía suya que tapaba los ojos de su nieta cuando veían a un hombre orinando en la calle: “Mire para otro lado, que ahí está un hombre con la malacrianza de la mano”. En cuanto a esa palabra que ha provocado estas notas, se le puede dar un magnífico rodeo con sólo aludir a la batalla del Museo Militar, donde eso se derramó a raudales.

Raúl Bethancourt ha muerto

Al conocer su muerte, todo el mundo incurrió en el error que siempre lo hacía rabiar: Raúl no era Betancourt como el presidente, ni Vethancourt como el siquiatra, ni Bethancourt como el empresario. No: su apellido es Bethancourt, tal como lo estoy escribiendo; y aludiendo a esa banalidad para ocultar la profundidad de mi pena: para mí, Raúl no fue nunca “mi librero”. A lo más que llegaba, cuando quería molestarlo era a llamarlo “mi alimentador espiritual”. No: Raúl era mi amigo, un amigo de esas lealtades que no se encuentran en botica, como se suele decir coloquialmente.

Por desgracia, lo he dicho muchas veces, la muerte causada por el automóvil en Venezuela es casi una muerte natural: un país que se ha dado el lujo de matar así a su poeta más popular (Andrés Eloy Blanco), a su más grande humorista (Aquiles Nazoa), a su casi seguro primer Cardenal (Monseñor Rafael Arias Blanco), a su mayor torero (César Girón) y hasta a un santo (José Gregorio Hernández), ahora completa su desfile de víctimas con su primer librero, Raúl Bethancourt. Paz a sus restos. Su espíritu seguirá rondándonos cada vez que abramos un libro.

hemeze@cantv.net
Manuel Caballero
Publicado en “El Universal” – Domingo, 30 de diciembre de 2007

“El antisemitismo es un problema que afecta a los judíos y también a los venezolanos”

Revolución antisemita

El régimen que encabeza Chávez es antisemita. Las razones para esta posición son diversas, pero concurrentes, y no las desmiente el hecho de que uno que otro judío haga negocios con el gobierno o pueda ser parte de la burguesía emergente. El antisemitismo oficial se expresa en variadas formas, que van desde las actitudes circunstanciales hasta posiciones de mayor fondo y significado. Desde la idiotez de referirse a “los que mataron a Cristo”, código nada secreto para referirse a los judíos del imperio romano, hasta la solidaridad con un peligroso malandrín internacional como es el dueño de Irán, Mahmud Ahmadineyad, pasando por las campanadas de alerta que representan los dos allanamientos miserables al Colegio “Moral y Luces”.

Los Ricos

Chávez dijo hace algún tiempo: “¿El mundo tiene lugar para todos, pues, pero resulta que unas minorías, los descendientes de los mismos que crucificaron a Cristo, se adueñaron de las riquezas del mundo¿ ” Como se sabe, la acusación contra los judíos es una mentecatez histórica, pero ha servido para darle un cariz trascendental, originario y eterno, a una supuesta culpabilidad de la cual sería imposible desprenderse ¡Cómo ser inocentes después de haber matado al Hijo del Hombre, a Dios!

Ese señalamiento no por embaucador deja de tener eficacia como música de fondo cuando avanza la retórica antisemita. Se trata de que los directos responsables de aquella muerte -por cierto, necesaria para redimir a los hombres del pecado-, no son sólo homicidas sino que además, en su maldad se han adueñado de las riquezas del mundo. Criminales y además ricos. Se trata de ubicar en los judíos la culpa de las miserias antiguas -por deicidio- y de las nuevas, al ser ricos y excluyentes.

Esta visión, sembrada en vetas llenas de prejuicios e ignorancia en algunas sociedades, entre las que no ha estado la venezolana, sirven para carburar resentimientos, cegueras y políticas.

El Odio

En las sociedades libres viven distintos pueblos, culturas y creencias, en medio del máximo respeto. La diversidad es un signo de orgullo entre seres humanos emancipados. No es así en los regímenes autoritarios, como en la Venezuela de estos tiempos. Las características de éstos son la uniformidad, el terror a la disidencia y el horror a la diferencia. Dos son los instrumentos para aplanar la diversidad: el terror y el odio. El odio hace que se vea al distinto como enemigo; el terror procura la autoanulación del otro, paralizado por el miedo. Esos enemigos requieren ser corporizados, ser representados de manera sustantiva, para que tenga rostro y puedan ser confrontados.

Así en Venezuela están “los oligarcas”, “los ricos”, los del pasado, “los golpistas”, “los neoliberales”, los escuálidos, como categorías comunes para suscitar aquellos sentimientos indispensables para tener enemigos a la mano. Sin embargo, hay enemigos transversales que se construyen lentamente: los judíos, los curas, los que viven “en el Este”, los médicos venezolanos, entre otros. Es un proceso de selección en el que intervienen elementos de inteligencia policial, para que el enemigo tenga rostro humano y el odio pueda soltarse como un resorte brutal.

En el caso de los judíos, Chávez se aprovecha de las ondas antisemitas que van y vienen, y que se encuentran estimuladas por el irresuelto problema del Medio Oriente. La ignorancia y los intereses de los próceres bolivarianos les impiden desprenderse del estereotipo que manejan acerca de “el judío”, totalmente ajeno a la riquísima cultura que expresa ese pueblo, y a su inmenso, continuo y deslumbrante aporte a la ciencia, al arte, a la literatura, a la solidaridad social, al pensamiento moderno, avanzado, progresista, en todos los tiempos. La memez bonapartista del régimen impide ver que los judíos venezolanos, tan venezolanos como cualquiera nacido digamos que en Sabaneta, participan de la creación institucional, política, científica y cultural que ha tenido Venezuela en su historia, sobre todo en la contemporánea.

No deja de ser sorprendente cómo estos autócratas militaristas no advierten que el pensamiento de izquierda; tal vez el más genuino ha sido nutrido por la intelectualidad judía desde siempre.

Alianza con el Forajido

Dentro de la variopinta alianza que Chávez construye, destaca como peculiar forúnculo la que articula con Ahmadineyad. Este personaje ha sostenido que el Holocausto no existió y que el Estado de Israel debe desaparecer. La negación del Holocausto no es para el iraní un problema intelectual, una duda histórica, una titilación del entendimiento; sino una manera de derrumbar los fundamentos del Estado judío, el cual, a continuación, se propone destruir.

No puede venir el caudillo bolivariano a decir que es producto de la simpatía con la causa palestina. Esa simpatía es mera coartada, porque se puede estar de acuerdo con la necesidad de un Estado Palestino y discrepar de las políticas extremas de diversos gobiernos israelíes, sin formar parte del tramado antisemita que Ahmadineyad, Chávez y otros, tejen.

El Estado de Israel es más que un Estado, es la noción del hogar, del refugio, es el nunca-más del Holocausto. El intento de destruirlo es una manera de hostilizar por mampuesto a los judíos del mundo. De esto se hace solidario Chávez en su alianza con el iraní delirante.

No Existen

Por supuesto que el régimen no hace gala de abierto antisemitismo. Usa el mismo método que emplea para pervertir y liquidar la democracia: proclaman su fidelidad al sistema de libertades y lo hacen implosionar, poco a poco.

Cuando hay venezolanos que se enfrentan al régimen y son judíos, en los corrillos oficiales se le atribuye a la condición judía la raíz de su disensión. A los organismos representativos de la comunidad no se les considera interlocutores y, en el marco de las alianzas de Chávez, ya se sabe que han pasado a formar parte de “los otros”.

La historia de los judíos los ha hecho muy sensibles a los primeros signos de la intolerancia, el acoso y la persecución. Huelen los tiempos, oyen las pisadas cuando todavía están a la distancia, captan la frecuencia en la que las hienas emiten sus chillidos. Por eso saben que los elogios al “hermano Ahmadineyad” son barruntos de lo que ya ha caído en Venezuela y que afecta a los judíos como ciudadanos venezolanos y, eventualmente, como comunidad.

El antisemitismo no es un problema que atañe sólo a los judíos. Es una cuestión que implica a los venezolanos no sólo en razón de la solidaridad con quienes son o pueden ser señalados por el dedo del déspota, sino porque cuando la libertad, la seguridad y la condición humana de un judío se encuentran amenazadas también lo están la libertad, la seguridad y la condición humana de los demás ciudadanos.

carlos.blanco@comcast.net
Carlos Blanco
Publicado en “El Universal” – Domingo, 30 de diciembre de 2007

“Por ahora…”

Enero 2, 2008

La frase busca que tengamos a quien la pronunció originalmente como salvador y única luz

La victoria popular del 2 de diciembre ha dejado al chavismo sin palabras, o lo ha colocado en un estado de carencias a través de la cual se descubre una situación de orfandad capaz de desembocar en sucesos peligrosos para la recuperación de la democracia. La publicidad oficial se ha plantado en el “Por ahora…” pronunciado por un golpista después del fracaso estrepitoso de su madrugonazo, en el empeño de volver a las raíces para encontrar el impulso desvanecido en una década de desilusiones. La insistente repetición de la frase en los carteles de la publicidad oficial, tal vez pueda orientar la reflexión que la sociedad requiera para profundizar el primer capítulo de la restauración de los usos democráticos que apenas ha comenzado.

Desenlace violento

La frase remite a dos contingencias sucedidas en febrero de 1992: la búsqueda de un desenlace violento a los problemas del país y el inicio del encumbramiento de un personalismo oculto en la supuesta hazaña de reivindicación nacional. El hecho de que las mismas palabras suenen de nuevo en nuestros oídos como producto de una estrategia de publicidad, pretende que nos ubiquemos expresamente y sin mediaciones frente a lo que evocan en sentido elemental para los venezolanos: la alternativa de una salida de fuerza contra la voluntad popular y la valoración del rol de un líder único como respuesta para las urgencias del porvenir. Es evidente cómo lo que trae el eco de los gastados ruidos no muestra sino la desnudez del régimen en materia de ideas, pero la debilidad se convierte en la mayor amenaza contra los designios democráticos anunciados hace poco.

La evocación del movimiento golpista nos aconseja que miremos hacia el interior de los cuarteles, como si en la sensibilidad de sus habitantes estuviera la llave para clausurar la ventana que ya se ha abierto para la llegada de oxígeno vivificador. El régimen quiere que nos pongamos a averiguar cómo está el humor en Fuerte Tiuna, cuando es esa la última averiguación que debe hacer una sociedad cuyo propósito es la vuelta a sus orígenes genuinamente republicanos. Sin embargo, las vallas del oficialismo insisten en el examen del paisaje castrense.

El examen se torna sombrío cuando evocamos el espectáculo del alto mando escuchando las invectivas de su comandante en jefe contra la victoria del 2 de diciembre, un aspecto del panorama en el cual se quiere plantar la publicidad para que no nos entusiasmemos demasiado con el logro de la víspera, para que sintamos que existe un enjambre de bayonetas preparado para saltar sobre nosotros. Pero eso es lo que quiere el “Por ahora¿” que se nos machaca en todos los rincones, que nos atengamos al antiguo miedo de la sociedad frente a los hombres de presa, que no seamos capaces de dar un paso sin procurar el parecer de las casernas, como si existiera de veras una sólida guardia pretoriana alrededor del divino César, o como si ya no hubiéramos fraguado un capítulo fundamental de nuestra autonomía desde una perspectiva esencialmente civil.

El salvador

La frase convertida en eslogan busca, por último, que otra vez giremos alrededor de quien la pronunció originalmente, que lo tengamos de nuevo presente como salvador y única luz. Una “revolución” que sólo se siente iluminada por un sol y que desconoce la existencia de constelaciones de otros astros en su firmamento, reparte de nuevo la estampita del santón milagroso quien en una ocasión soltó una jaculatoria desesperada gracias a la cual pudo flotar en río revuelto. Quiere hacernos sentir cómo ese santón se ubica por encima de las circunstancias para dominarlas a su antojo pese a que le hayan sido adversas recientemente. Proclama otra vez la aparición del líder irreemplazable ante quien se rinde la colectividad toda, como sucedió en el pasado reciente.

Los hechos se enfrentan con tozudez a la resurrección del “Por ahora”. Han mostrado el derrumbe de un mito personal y la reducción de su influjo en la Fuerza Armada Nacional. En consecuencia, el eslogan puede compararse con los gestos baldíos de quienes carecen de argumentos consistentes para explicar la realidad cuando es esquiva.

Sin embargo, pueden igualmente augurar salidas riesgosas para el experimento democrático de nuestros días. ¿No son esas salidas las primeras que brotan de la desesperación y de la falta de ideas?

eliaspinoitu@hotmail.com

Elías Pino Iturrieta

Publicado en “El Universal” – Sábado, 29 de diciembre de 2007.

 

Cuando el avión presidencial argentino emprendió el regreso de Villavicencio (Colombia) con un Néstor Kirchner mal humorado y con las “manos vacías” por el rotundo fracaso del rescate de 3 colombianos, en los últimos instantes del 2007, quedaba sellado el peor año de Hugo Rafael Chávez Frías de este Siglo 21.

 

El jefe de Gobierno bolivariano esperaba reacomodar los traspiés fuertes tenidos en los 350 días previos con este tributo que le había ofrecido las FARC-EP, grupo armado calificado como “Terrorista” por los organismos internacionales.

A pesar del montaje periodístico montado al estilo entrega de los OSCAR o GRAMMY– Oliver Stone incluido – y el coro de altas figuras continentales presentes (que también cayeron en la trampa), otra vez las FARC lo dejaron con “los crespos hechos” (como se dice en Venezuela cuando a uno lo dejan esperando). Como había ocurrido el 20 de noviembre cuando fue a visitar al Presidente de Francia, también con las manos vacías de pruebas de vida de Ingrid Betancourt, como se había alardeado iba a ocurrir.

 

Cuando su fiel Canciller Maduro, le dijo: “Néstor se fue”, Chávez sintió un enorme vacío en el estomago a pesar de que iba a cenar en Miraflores. Tomó nota que hasta su nuevo aliado incondicional patagónico, aceptaba que la misión – al menos en el 2007 y como se la había pintado – moría.

 

GRANDES DESASTRES

 

Es bueno para nuestros lectores sudamericanos marcar algunos puntos salientes de esta debacle para que puedan comprender al Chávez que viene, sobre todo tan ligado con gobiernos como Colombia, Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay y Brasil.

Hugo Chávez arranco el 2007 sumamente envalentonado por su reelección el 3 de diciembre del 2006.

 

Cometió errores estratégico infantiles, como expulsar de sus filas a todos aquellos que no quisieran disolver sus partidos e ingresar a un nuevo invento: el Partido Socialista Único de Venezuela.

 

Entonces le apareció una oposición dentro de su propio intestino y comenzaron a hablar del “Chavismo sin Chávez”.

 

No le dio importancia, y la dejó crecer.

 

Se peleó con gobernadores, la iglesia católica, los empresarios. No dejó títere con cabeza.

En el terreno de los medios su batalla termina con no renovar la concesión a RCTV, el canal mas antiguo de Venezuela, por ser opositor.

 

Allí, rechazando la medida, nace el grupo que le amargaría el segundo semestre: los estudiantes.

 

No los valoró adecuadamente. Lo combatió con el mote añejo de “niñito de papa y mama”, armó una Comisión Presidencial Estudiantil bolivariana para enfrentarlos y cuando hubo elecciones universitarias, perdieron 9 a 1.

 

Los estudiantes fueron el alma y vida de la recuperación de una oposición alicaída, que el 2 de diciembre le dio el golpe de gracia: lo derroto en el Referéndum que apuntaba a la reelección indefinida.

 

EL REY JUAN CARLOS

 

Sin embargo el golpe de gracia se lo dijo el Rey Juan Carlos de España en la cumbre Iberoamericana de Santiago. Iban 314 días del 2007. Muchos anhelaban oírla, pero nadie se atrevía a pronunciarla. Hasta que el Rey, emulando al poeta chileno -me gustas cuando callas porque estás como ausente-, clausuró la XVII Cumbre Iberoamericana, celebrada precisamente en Chile, con un mucho menos sutil « ¿Por qué no te callas?» que consiguió enmudecer a Hugo Chávez.

 

Como será el poder de estas 5 palabras que se convirtieron en un hit en todo el planeta y en España ganó el premio a “La frase el año”.

 

Chávez no se recupero de este directo al hígado, usando el vocabulario boxístico que el emplea al hablar de cómo ataca a sus rivales.

 

Este año negro se completa con su imposibilidad de ingresar al MERCOSUR, después de abandonar la Comunidad Andina, a la que tampoco podrá regresar.

 

LOS MALETINES

 

En pleno invierno hubo otro acontecimiento, que se arrastrará cual culebra hambrienta por el 2008: el maletín que Guido Alejandro Antonini Wilson, quiso ingresar el 4 de agosto a Buenos Aires, “sin declarar”.

 

El detalle es que viajaba en un avión oficial argentino con altos dirigentes de la petrolera venezolana PDVSA.

 

El fiscal norteamericano que investiga el caso en Miami dice, que uno de los detenidos dijo: “el dinero era para la campaña de Cristina de Kirchner.”

 

A paso seguido vino su fracaso en la cumbre de la OPEP.

 

En lo interno, la corrupción, la inseguridad, la inflación, el desabastecimiento de alimentos básicos (leche, harina, carne, huevos, etc.) y la constante devaluación del Bolívar, que a partir del primer minuto del 2008 se llama “Bolívar Fuerte” con una reconversión con “3 ceros menos”, fueron signos del peor año de Chávez en el Gobierno.

 

Estas son apenas muestras concluyentes de un mal año. Habrá que observa como arranca Enero, para saber si aprendió y corrige.

 

Dimas J Pettineroli

Publicado en “NOVA Colombia” – Martes, 1 de enero de 2007

Rayma // Caricatura 27/12/2007

Diciembre 27, 2007