El Reimpulso

Enero 9, 2008

Antonio Cova Maduro – El Universal – Miércoles, 9 de enero de 2008

Ante el llamado reimpulso, ¿cómo lucen las omnipresentes vallas del rancio “por ahora”?

La verdad es que cuesta imaginarse a un Tyson hablando de que está al borde de un reimpulso, a un Bush o a tantos otros a quienes su tiempo se les venció. Claro que alguien podría responder: “cuidado que en política no hay nada más peligroso que intentar expedir certificados de defunción”. Allí están, para quien quiera constatarlo los ejemplos, de Nixon, De Gaulle y, por qué no, hasta de un criollo que hace rechinar los dientes a nuestro estimado: el siempre presente Rómulo Betancourt.

Todos ellos, sin embargo, tuvieron muy, pero muy claro, que su re-nacimiento imponía un “nuevo comienzo”, que siempre implicaba abandonar, cuando no abjurar de lo que habían sido, o por lo menos, de lo que la gente creía representaban. Todos ellos tuvieron que vestirse de “otra cosa” para poder lograr su “retorno”. Ya lo hizo claro Rómulo cuando emitió su famoso “We will come back”, en lo que quizás fuera el momento más negro de la historia democrática de su partido.

Ante aquello, ¿cómo lucen las omnipresentes vallas del rancio “por ahora”? ¿Y cómo las fotos, en todas las poses, de cuanto funcionario chavista asola la comarca, como tan bien lo hizo ver Milagros Socorro? Es tan agónico ese llamado a un re-impulso, que uno ni cuenta se da que el término no es considerado siquiera por el Diccionario de la Real Academia Española. Está fuera de lugar, fuera de época, pues.

La izquierda continental, cuyos funerales ya entonó en premonitoria jeremíada el ubicuo Heinz Dieterich, parece haber cruzado la esquina y lo peor, o no se ha dado cuenta o está leyendo al revés los signos que ve por doquier. ¿Será que Hugo Chávez cree que es sólo que la “pava” de la cual ha sido asiduo portavoz (pregúntenselo a Sean Penn) se volvió en su contra? ¿Cree realmente que, como algunos portadores del virus VIH, él nunca desarrollaría el sida?

Ni hizo caso del parto del movimiento estudiantil -algo que muchos creían imposible- ni entendió lo que desencadenó el ya famoso “por qué no te callas”. Fue, en efecto, la resonancia de la interjección de un monarca harto de tener que callar, lo que Hugo Chávez ni entendió ni midió.

Y luego, cuando contempló que su enfrentamiento con Uribe fue comprendido por muchos de sus compatriotas como el exasperado “hasta aquí”, (que muchos todavía no se atreven a pronunciar, aunque lo tengan en la punta de la lengua) esperó, en vano, una solidaridad espontánea del gentilicio, que nunca se materializó.

A Hugo Chávez le está pasando lo que a muchos maridos que no captan cuando ya el amor de su mujer comenzó a desfallecer. Peor aún, que no ven que la misma disculpa, el mismo perdón llorón, ya no logra eco alguno. No hay respuesta ya porque el amor murió.

Como siguiendo el inexorable guión de una tragedia con final esperado, sus palabras se ven huérfanas de acciones que las certifiquen, menos aún que las autentiquen. Así, torpemente deja en el dolor a los más desvalidos entre quienes padecen su persecución, por ello el desviacionismo que su apresurada amnistía intentó, termina provocando ira en el país entero. Sabemos que se la sacó de la manga por el fiasco monumental de su operación Emmanuel, pero, ¿era necesario infligir dolor a madres, esposas e hijos desventurados? ¿Cuál es el sino que te persigue para que todo lo hagas tan mal?

No pararon allí las disonancias, sino que en un “replay” de la desafortunada afirmación de Raúl Castro el pasado 26 de Julio (“debemos proceder a la construcción del socialismo en Cuba”), que debió lucir a sus compatriotas como una burla cruel, Hugo Chávez acaba de proponer a los suyos que “ya se va conformando el equipo”¿ ¡luego de 9 años de novatadas y descalabros!

Y eso lo hace cuando “re-estructura” a los mismos militares retirados, arquitectos del desastre. La misma gente, el mismo fastidio, la misma radical incompetencia y cuándo no, el mismo despilfarro. Y ni cuenta se ha dado de que ya no lo recibe la misma paciencia resignada -alegre incluso- como lo hacía en antaño.

Y para colmo estrujó en la herida sal abundante. Sí, en esa herida que vimos supurar en el video que Aporrea hizo circular por internet. La herida de llanto rabioso de esos hombres y mujeres que concurrieron a desahogar su rabia a las puertas de Miraflores, él les respondió¿ ¡imponiendo a Jorge Rodríguez en la cúpula -¿podrida?- de ese aborto que llaman PSUV!

Sin asambleas, sin elecciones, les clavó al arquitecto de sus desgracias. ¿Se lo calarán, o le pagarán con la misma sal pa’ su herida? ¿Es ese el re-impulso que quiere?

antave38@yahoo.com

¿Punto final?

Enero 9, 2008

Fernando Londoño – Diario El País de Cali – Miércoles, 9 de enero de 2008

Protestamos contra la infame especie, difundida por las Farc y aceptada sin beneficio de inventario por algunos despistados comunicadores, de que Emmanuel es hijo de una relación ‘consentida’ de Clara Rojas con un guerrillero. Clara perdió con el secuestro toda capacidad de consentir. La esclavitud está en las antípodas de la libertad y el consentimiento es una expresión plena de la libertad humana. Reducida a las condiciones miserables en que se encuentra, Clara no es capaz de consentimiento, en esa materia ni en otra alguna. Declarar consentida su relación con uno de sus captores, es exaltar al secuestrador y aniquilar moralmente a su víctima.

Emmanuel existe. Y su familia, la única que tiene, lo ha rescatado por el amor. Clara González de Rojas, su abuela, es para nosotros la mujer del año. Del que pasó y de todos. Qué nobleza la suya. Qué pureza la de su corazón, destrozado por el dolor, transfigurado por el amor. Nunca sale de sus labios una queja amarga. Si hay una mujer fuerte, un ser humano superior, veámoslo aquí. En lo que significa en términos absolutos, en lo que vale en cotejos inevitables.

Emmanuel debe ser el comienzo de una expiación y el motivo de una reparación. El Gobierno Nacional tiene la responsabilidad de quitarle a ese niño la incertidumbre económica de su educación y de su formación. Nunca fueran mejor aplicados los fondos que se le quitan al narcotráfico, para reparar los daños que éste le ha causado a esta criatura y a su familia.

Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Nicolás Sarkozy y sus compañeros de aventura, le han probado al mundo lo que cuestan las amistades peligrosas. Entenderse con los más grandes canallas que la historia pueda recordar, para sacar provecho propio de ese contubernio, produce estos resultados. Que algunos llaman el mayor ridículo de los tiempos recientes. Nosotros agregamos el desprecio al ridículo. Porque lo que les pasó lo tienen bien merecido.

Pero el castigo que han sufrido no es suficiente. Porque quedan cosas por saber. Y la más grave de todas, es la relativa al pago que le hicieron a las Farc por la hasta ahora fallida liberación de Clara y Consuelo. Los dólares que llegaron a los secuestradores, se aplicarán en matar y secuestrar colombianos. Ocho países civilizados no pueden ponerse de acuerdo para entregarle recursos a una banda siniestra, con el pretexto de salvar unas vidas y el propósito real de alimentarla. La humanidad tiene derecho a conocer ese pago, a juzgarlo en su hondo sentido y a condenarlo.

La prensa del mundo ha reaccionado contra esta farsa trágica, pero no lo suficiente. Entre otras razones, porque ha quedado en evidencia lo que han vivido las candidatas a la libertad y lo que viven sus compañeros de martirio. La golosina de las dos liberadas jamás podría ocultar lo que pasa a los demás y no sólo a los que reciben trato de canjeables. Las Farc tienen en su poder centenares de hermanos nuestros que no disfrutan siquiera el dudoso consuelo de la fama. Lo que ha pasado debiera bastar para que a las Farc y a sus cómplices o, simplemente alcahuetas, se les diera el trato que merecen. Es lo único que no se ha ensayado para presionar la libertad de los que la perdieron y para impedir que otros corran pareja suerte.

El caso Emmanuel apenas ha quedado abierto. Cerrarlo entre frivolidades y condescendencias sería peor que un crimen, otra equivocación en la que nosotros no vamos a caer.