“Por ahora…”

Enero 2, 2008

La frase busca que tengamos a quien la pronunció originalmente como salvador y única luz

La victoria popular del 2 de diciembre ha dejado al chavismo sin palabras, o lo ha colocado en un estado de carencias a través de la cual se descubre una situación de orfandad capaz de desembocar en sucesos peligrosos para la recuperación de la democracia. La publicidad oficial se ha plantado en el “Por ahora…” pronunciado por un golpista después del fracaso estrepitoso de su madrugonazo, en el empeño de volver a las raíces para encontrar el impulso desvanecido en una década de desilusiones. La insistente repetición de la frase en los carteles de la publicidad oficial, tal vez pueda orientar la reflexión que la sociedad requiera para profundizar el primer capítulo de la restauración de los usos democráticos que apenas ha comenzado.

Desenlace violento

La frase remite a dos contingencias sucedidas en febrero de 1992: la búsqueda de un desenlace violento a los problemas del país y el inicio del encumbramiento de un personalismo oculto en la supuesta hazaña de reivindicación nacional. El hecho de que las mismas palabras suenen de nuevo en nuestros oídos como producto de una estrategia de publicidad, pretende que nos ubiquemos expresamente y sin mediaciones frente a lo que evocan en sentido elemental para los venezolanos: la alternativa de una salida de fuerza contra la voluntad popular y la valoración del rol de un líder único como respuesta para las urgencias del porvenir. Es evidente cómo lo que trae el eco de los gastados ruidos no muestra sino la desnudez del régimen en materia de ideas, pero la debilidad se convierte en la mayor amenaza contra los designios democráticos anunciados hace poco.

La evocación del movimiento golpista nos aconseja que miremos hacia el interior de los cuarteles, como si en la sensibilidad de sus habitantes estuviera la llave para clausurar la ventana que ya se ha abierto para la llegada de oxígeno vivificador. El régimen quiere que nos pongamos a averiguar cómo está el humor en Fuerte Tiuna, cuando es esa la última averiguación que debe hacer una sociedad cuyo propósito es la vuelta a sus orígenes genuinamente republicanos. Sin embargo, las vallas del oficialismo insisten en el examen del paisaje castrense.

El examen se torna sombrío cuando evocamos el espectáculo del alto mando escuchando las invectivas de su comandante en jefe contra la victoria del 2 de diciembre, un aspecto del panorama en el cual se quiere plantar la publicidad para que no nos entusiasmemos demasiado con el logro de la víspera, para que sintamos que existe un enjambre de bayonetas preparado para saltar sobre nosotros. Pero eso es lo que quiere el “Por ahora¿” que se nos machaca en todos los rincones, que nos atengamos al antiguo miedo de la sociedad frente a los hombres de presa, que no seamos capaces de dar un paso sin procurar el parecer de las casernas, como si existiera de veras una sólida guardia pretoriana alrededor del divino César, o como si ya no hubiéramos fraguado un capítulo fundamental de nuestra autonomía desde una perspectiva esencialmente civil.

El salvador

La frase convertida en eslogan busca, por último, que otra vez giremos alrededor de quien la pronunció originalmente, que lo tengamos de nuevo presente como salvador y única luz. Una “revolución” que sólo se siente iluminada por un sol y que desconoce la existencia de constelaciones de otros astros en su firmamento, reparte de nuevo la estampita del santón milagroso quien en una ocasión soltó una jaculatoria desesperada gracias a la cual pudo flotar en río revuelto. Quiere hacernos sentir cómo ese santón se ubica por encima de las circunstancias para dominarlas a su antojo pese a que le hayan sido adversas recientemente. Proclama otra vez la aparición del líder irreemplazable ante quien se rinde la colectividad toda, como sucedió en el pasado reciente.

Los hechos se enfrentan con tozudez a la resurrección del “Por ahora”. Han mostrado el derrumbe de un mito personal y la reducción de su influjo en la Fuerza Armada Nacional. En consecuencia, el eslogan puede compararse con los gestos baldíos de quienes carecen de argumentos consistentes para explicar la realidad cuando es esquiva.

Sin embargo, pueden igualmente augurar salidas riesgosas para el experimento democrático de nuestros días. ¿No son esas salidas las primeras que brotan de la desesperación y de la falta de ideas?

eliaspinoitu@hotmail.com

Elías Pino Iturrieta

Publicado en “El Universal” – Sábado, 29 de diciembre de 2007.

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